POLVO
Dedicado al Bexor
por: Irving Merlín
1
Desperté para hallarme con una sorpresa: Proxy estaba al lado mío en la cama:
- ¿A que hora llegaste? – cuestioné mientras mis ojos intentaban captar el mundo exterior abriéndose poco a poco dejando que la luz penetrara permitiéndome observar la delgada silueta de mi acompañante.
- Apenas. Tu mamá me abrió.
- ¿Qué hora es?
- Las dos y media
- ¡No mames! ¿En serio es tan tarde?
- Si wey. ¿Que puta hora creías que era? Eres un maldito huevón levantándote a esta hora.
- Jajaja. Es que ayer me dormí muy tarde.
- De seguro no podías jetear por tanta coca ¿o no?
- La verdad, sí. Ayer me fui de party con Mach y ya sabes como somos cuando andamos juntos: pura pinche cois. (yo tenía 17 años en aquel momento, Proxy 19 y Mach 16 y los tres habíamos vivido nuestros últimos dos años deleitándonos con los placeres de la cocaína de vez en cuando)
- ¡Oye! Acompáñame a ver al Bixler. Tiene mi discman y unos discos.
- Espera a que me vista y vamos.
Salimos de mi casa, caminamos dos cuadras y entramos a una pequeña tienda en donde nos detuvimos a comprar cigarrillos. Después continuaríamos a casa del Bixler pero algo nos detuvo: el maldito gordo tendero, que era un conocido mío, se acercó blandiendo un periódico de poca credibilidad diciendo:
- ¿Ya viste que se murió el Bixler?
- ¿Cómo crees? No digas pendejadas – le reclamé un poco ofendido pues mi mente no concebía semejante idea.
- En serio. Mira. ¡aquí esta! – masculló estirando su brazo para alcanzarme el diario. Lo observé: en la primera plana mostraba un letrero en letras rojas que decía: ADOLESCENTE ASESINADO POR DEUDA CON NARCO. El encabezado se acompañaba de una fotografía que mostraba un cadáver ensangrentado tirado entre arbustos y hierba; no se podían apreciar detalles que revelaran que, en realidad, ese fuera el cuerpo del Bixler (o eso fue lo que quise creer en ese momento). Así que arrojándole el diario al cerdo aquel y sujetándole la mano a Proxy me abrí paso camino hacia la salida de aquel tendajón.
Caminamos hasta la puerta y tocamos el timbre pero no recibimos respuesta.
- ¡No mames! No hay nadie. ¿y si era cierto lo que decía el pinche buldog (el gordo de la tienda)?
- No seas pendeja. ¿Cómo crees?
- ¿Ahora que hacemos?
- Regresar a mi casa.
En el transcurso el celular de Proxy sonó. Le llamaba no se qué imbécil para informarle que habían matado al Bixler. Cuando llegamos abrí la puerta y mis padres me miraron con cara de angustia pues mi papá sostenía un ejemplar del diario de aquella fecha por lo cual estaban enterados del asesinato. Ellos siempre supieron que el difunto había sido un buen amigo mío. Preocupados por lo afligido que pudiera sentirme, me tomaron entre sus brazos, al mismo tiempo, sin decir una palabra. Yo me sentía un poco aturdido. Me ofrecieron leer la nota periodística y tome el papel entre mis manos. Tuve ganas de llorar pero algo extraño, no sabía que, me lo impedía.

2
El Bixler se preguntaba acerca del lugar en que se encontraba. Todo estaba en penumbras. Sólo podía distinguir árboles con formas siniestras, un camino de tierra al que no le hallaba fin y la silueta de varios hombres (nunca pudo ver claramente, ni mucho menos contar, los rostros de los sujetos que se encargarían de terminar con su vida aquella noche) que lo llevaban a bordo de una camioneta atado de manos y pies; amordazado y con los ojos torpemente vendados. Podía sentir que el transporte iba a una gran velocidad y podía escuchar muchas voces y risas que no reconocía. Se cuestionaba acerca de su destino: ¿A dónde lo llevaban?, ¿Quiénes eran los individuos que lo traían abordo de esa camioneta?, ¿Qué le harían? El temor comenzó a apoderarse de él. Sintió gotas frías de sudor resbalándole por la frente, empapando el pañuelo que intentaba cegarlo. Por su cabeza paso la idea de la muerte y sintió un miedo terrible.

3
Toda la tarde mi cabeza estuvo invadida por recuerdos del Bixler. Recordé las veces que fumamos mota utilizando carrizos como pipas en el patio trasero de su casa. Recordé la vez que, caminando por el centro de la ciudad, contemplamos la escena en que un padre jalaba violentamente la oreja de su hija y nos cagamos de la risa. Recordé la vez que me defendió cuando un cabrón mas grande que yo me quería romper la madre.
Mi teléfono sonó. Era Mach:
- ¿Qué pedo? ¿Ya supiste lo del Bixler?
- Sí.
- El velorio comienza a las ocho en Velatorios Jiménez Salvatierra.
- ¿Vas a ir?
- ¿Tú que crees?
- ¿Pasas por mi?
- Te veo en la esquina de tu casa a las siete y media.
- Hasta entonces.
Pensé en la última vez que vi al Bixler: Yo estaba esperando a mi padre en el auto mientras él se encontraba arreglando unos asuntos dentro de una oficina al otro lado de la calle. Cuando alguien tocó a la ventana. Era el Bixler. Recuerdo que nos saludamos y charlamos durante un rato. Me comentó que asistía a un grupo de narcóticos anónimos pues tenía intención de terminar con la heroína. Yo manifesté mi apoyo hacia él y le presté 10 pesos que requería para comprar tabaco, según me expuso. Después de despedirnos con un abrazo tomó caminó calle abajo y, mirando por el retrovisor, lo vi desaparecer en una esquina.
4
Cuando por fin la camioneta parecía detenerse, El Bixler imaginaba qué pasaría con sus padres y con su novia (Chisty) si él fallecía. En verdad los extrañaría. El no volverlos a ver jamás sería espantoso.
Una puerta se abrió y entre varios jalaron al Bixler fuera del vehículo. Él permaneció parado, sin decir una palabra. Los hombres bajaron de la camioneta y se acomodaron en forma de círculo rodeándolo. El Bixler intentaba estar alerta, escuchando los crujidos en el pasto seco que producían las pisadas de quienes lo acechaban, tratando de adivinar lo que a continuación sucedería. Los murmullos de sus atacantes se mezclaban con el silbido de los grillos y el canto de la lechuza formando así una tenebrosa atmósfera.
¡Un súbito golpe en la cara terminó por derrumbar al Bixler! La mordaza le fue retirada, talvez para que los golpeadores pudieran disfrutar de sus alaridos de dolor. Luego una lluvia de golpes se le vino encima. La cinta de los ojos se le había caído pero no pudo ver nada; ya que se encontraba como en posición fetal gritando desesperadamente: ¡YA POR FAVOR! ¡YAAAA! ¡SE LOS RUEGO! ¿QUE HICE? ¡DEJENME IR POR FAVOR! ¡YA NO ME PEGUEN POR FAVOR! ¡ALGUIEN AYUDEME POR FAVOR! ¡AUXILIO!
Sus gritos, estremecedores y desgarradores, se perdieron en la inmensidad de aquel desértico lugar. Nadie más que los que lo golpeaban, podía haberlo escuchado entonces.
5
El periódico de ese día señalaba que el sujeto había muerto mucho tiempo después de que se le abandonó en aquel campo en el poblado de Santo Loreto Cacahutepec; que había fallecido a causa de las contusiones y hemorragia interna después de agonizar durante varias horas y que el cuerpo había sido descubierto por un campesino. Exponía, además, los motivos por los que la avanzada inteligencia policial suponía que habían matado al Bixler. Los cerdos proponían tres teorías:
- Una de ellas expresaba la posibilidad de que los asesinos fueran narcotraficantes culpando a un distribuidor de cocaína de la colonia La Joya apodado "el Peludo". (Yo conocía al Peludo, a quien comprábamos coca algunas veces y sabía que no fiaba; y también sabía que si hubiera querido cobrarse una deuda lo hubiera arreglado con un tiro en la cabeza del Bixler; así que descarté esta posibilidad como resolución del homicidio.)
- La segunda postulaba que había sido asesinado por un grupo de homosexuales a los que había vendido su cuerpo para conseguir heroína. (esta teoría me asombró pues, a pesar de que estaba enterado de que el Bixler se arponeaba, nunca supe que tuviera algo que ver con putos. Así que tampoco creí y deseché esta posibilidad.)
- La última proponía que había sido por riñas de adolescentes. Que talvez solo querían golpearlo y se les podría haber pasado la mano causándole la muerte. Quizá podía ser producto de una borrachera o algún rencor guardado hacia el Bixler; todos los adolescentes podrían tener enemigos. (yo no pensaba que el Bixler tuviera enemigos, pero era consiente de que había personas a las que no les agradaba del todo. Pensé que esta era la teoría que podía estar más apegada a la realidad y me creía que la verdadera causa pudo haber sido un pleito dentro de la peda o algo así. De todos modos decidí esperar a que en el diario se publicaran más acontecimientos y descubrimientos policíacos acerca del caso para reforzar mi criterio.)
6
Los ojos le ardían pues por ellos entraban los chorros de sangre que brotaban de su frente. Su cabello castaño estaba teñido de rojo. El dolor que el Bixler sentía en aquel momento era insoportable. Pedazos de tubos eran estampados en su espalda y a veces contra su cabeza. Tenía el cuerpo lleno de cortadas y laceraciones. No podía respirar a causa de las patadas que le propinaban en las costillas y por la sangre que se estancaba en su garganta formando una pequeña presa. De sus ojos salían lágrimas de ira que se mezclaban con el líquido escarlata y viajaban hasta sus labios para producirle un sabor a fierro. No paraba de gritar: ¡YAAAAAA! ¡POR FAVOOOOOR! ¡YAAAAAAA! ¡SE LOS RUEGO! ¡YAAAAAA HIJOS DE SU PUTA MADRE!
Un certero golpe final en la nuca lo dejó desprovisto completamente de su sentido del oído. Y así tirado en aquel lugar, sin poder moverse con la sangre fugándose por todos lados, con dificultades para respirar y con moretones por todo el cuerpo y heridas muy graves, observó temeroso como los que lo habían golpeado se subían a la camioneta y se marchaban perdiéndose en la oscuridad de aquella noche.
7
El Mach pasó puntual por mí. En el camino al velorio apenas si cruzamos palabra. Nos limitamos a fumar de un porro que encendí y a inhalar de una bolsita de plástico con un popotito que nos pasamos para poder darle un jalón por cada fosa nasal. Llegamos a los Velatorios Jiménez Salvatierra. Había rostros que yo conocía entre los concurrentes pero no me detuve a hablar con nadie pues me hallaba en medio de un trance: tan solo éramos la tumba y yo en aquel lugar. Caminé dentro de la sala donde se hallaba el ataúd y me acerqué lentamente al sarcófago mientras un sendero de velas rojas me guiaba. Todo corría como en cámara lenta. Sentía como si la voz del Bixler me estuviera jalando hasta su nicho de muerte.

Cuando estuve parado enfrente del cajón miré dentro:
Vestía un traje negro con corbata. Su rostro, ahora deforme, estaba lleno de moretones y chipotes que la maquillista no había logrado disfrazar. Su piel pálida hacía resaltar sus párpados hinchados y el azul de sus labios muertos. Era difícil imaginar la sonrisa del Bixler encajada en el cadáver que yacía frente a mis ojos.
Mirando el rostro del Bixler por última vez, me di cuenta que había perdido un maravilloso amigo. Sentí ira al pensar en la fugacidad de la vida y salí corriendo de aquel lugar. Corrí lo más rápido que pude durante quince cuadras hasta que me detuve a contemplar la hermosa vista de la luna que ofrecía la ciudad aquella noche. Encendí un cigarrillo, me senté en una banqueta y lloré desesperadamente por la pérdida del Bixler.

8
Los primeros rayos de luz solar que traía la mañana sirvieron para despedir la vida del Bixler dorando los pastos que lo rodeaban logrando matices de tonos marrones, naranjas y verdes claros en aquel paisaje. Eran las cinco y media de la mañana cuando dejó de respirar. El campesino que encontró su cuerpo, no lo hizo sino hasta las ocho.
9
El cuerpo del Bixler fue sepultado a la mañana siguiente. La policía decidió cerrar el caso de su asesinato dos semanas después del sepelio a pesar de que no se había hallado a ningún culpable (hay quienes dicen que los jueces fueron sobornados). La familia del Bixler ha continuado realizando investigaciones, utilizando sus propios medios, para averiguar la identidad de los culpables de su muerte. Hasta la fecha no se sabe quien lo mató.
FIN