Photo of irving Acid

iRbiNk DrUkqS's Blog

  • sangre circus

    por: irving acid

     

    Fue en aquel lugar donde cambió por completo mi vida, todo parecía tan extraño en aquel momento:

     

    El característico perfume que se obtiene de la mezcla de olores como: mierda de elefante, algodón de azúcar, cacahuates rancios y palomitas de maíz; dejó de ser mi principal centro de atención aquella noche en el circo. Una escena más interesante acontecía en esa carpa: el equilibrista había caído de la cuerda floja y yacía inerte bocabajo en el centro de la pista. Las estúpidas risas que existían antes entre el público fueron sustituidas por estruendosos alaridos y gritos de terror. Yo contemplaba extasiado los desesperados rostro de las madres que intentaban explicar a sus asustados hijos lo que pasaba. A mi no me impresionó mucho el cadáver, aunque yo solo contaba con 6 años y  ese era mi primer contacto con la muerte humana. Yo tan solo me dedicaba a observar la hermosa escena caótica compuesta por: caballeros gordos corriendo jalando estrepitosamente un niño del brazo, señoras bigotonas en estado de shock y animales perturbados por el ruido. Cuando levantaron el cuerpo del equilibrista noté que su sangre brotaba queriendo huir de aquel cuerpo sin vida y formaba hermosos charcos rojos con formas de animales; y me sentí feliz por la hermosa vista que podía apreciar. De repente un delicioso aroma sustituyó el vulgar hedor que existía en la carpa. Mis bellos del brazo se erizaron a causa de aquel olor: era exquisito. Sentí como si el demonio pasara su áspera lengua por mi espina dorsal y busqué la fuente de tan maravilloso placer: era el aroma de la sangre. Así que me acerque a la pista para olfatear los charcos de mi roja pasión. Mi mente se trastornó, todo era tan perfecto, tan maravilloso que sentí que no necesitaba más en el mundo que aquel exquisito aroma…

    Fue ahí donde descubrí mi afición por olfatear la sangre. Pero últimamente me es más difícil disfrutar de este placer. ¿Sabes cuando en verdad lo disfruto? Cuando ella tiene la regla y tira sus toallas sanitarias en el bote de basura, entonces yo me acerco a hurtadillas para robar una y, pegándola ávidamente a mis fosas nasales, me dispongo a embriagarme de tan exquisito aroma. 

     

      

  • rosas de las avenidas de la muerte

    MUERO POR ACOMPAÑARTE A ROBAR ROSAS DE LAS AVENIDAS DE LA MUERTE

     por: Irving Chinaski

    "Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte"  CHARLES BUKOWSKI

    ¡Oh, mierda! ¡Puta madre! Ahora si ya me cargó la chingada. Siento que mi estomago arde, me esta quemando como si alguien hubiese apagado un cigarrillo en mi ombligo. Siento como si un millón de hormigas de metal quisieran entrar a mi cuerpo buscando una entrada por mi protuberante panza. Lo están consiguiendo. Estoy aquí tumbado bocarriba en medio de una calle obscura y desolada. No puedo distinguir luces artificiales por ninguna parte. En esta posición tan sólo puedo observar el cielo de colores tristes y borrosos, una pobre luna desabrida que apenas se nota suspendida en el vacío y una que otra estrella simulando ser trozos de vomito brillantes. Trato de levantar la cabeza para investigar que es lo que produce tanto dolor en mi estomago. Hago un enorme esfuerzo con el abdomen para levantarme. Estoy consiguiendo levantar la espalda del suelo, mis manos están apoyadas en el piso haciendo su trabajo también. El dolor se hace cada vez más agudo, es insoportable. Me debilito y caigo golpeando fuertemente el asfalto con la espalda y la cabeza. ¡Conseguí ver que es lo que me sucede! Tengo un cuchillo de carnicero atravesándome, penetrándome, queriendo ser uno conmigo mismo. La herida es profunda y la sangre brota como el agua de un mingitorio formando hermosos charcos rojos de diferentes figuras sobre el áspero suelo.

    ¿Quieres saber quien puso ese cuchillo ahí? Ni yo lo sé. Sólo se que fue un hijo de puta por atreverse a hacerme esto. ¡Puta madre ya no aguanto más el dolor! Yo tan sólo venía caminando cuando sentí que me embestían y en fracción de segundos yacía en el suelo con esta terrible molestia en mi cuerpo.

    Creo que voy a morir. No lo creo, estoy casi seguro que voy a morir. Nunca pensé que moriría así, bueno eso me enseña que aun hay tantas cosas en las que no he pensado y en las que no podré pensar jamás ya que voy a morir. Un terror inmenso me invade. ¡No quiero morir! Tengo miedo. Un escalofrió recorre mi medula espinal, es como si un cubo de hielo tratara de entrar por mi ano, subir por mi espalda y, al llegar a mi cerebro, derretirse poco a poco.

    De pronto una extraña calma me invade, puedo pensar con mayor claridad. ¡Espera un momento! Tal vez la muerte no sea tan mala. Tal vez pueda conocerte. Quizás pueda encontrarte en otra vida, si es que la hay ¿La hay Buk?

    Imagino como sería conocerte: compraría una botella de oporto camino a tu piso. Tu estarías ya bebiendo desde temprano y recibirías mi visita; juntos beberíamos el vino barato. Yo encendería un cigarrillo y tal vez leería uno o dos de tus poemas impresos en hojas de papel viejo amarillento dejadas a un lado de tu maquina de escribir. Sí, dejarías aquellas hojas bajo una botella vacía usada como pisapapeles para que el viento no las arrastrase ya que tendrías la ventana abierta para poder observar a la gente de los bares de enfrente. ¡Que buena poesía la tuya Buk!

    Después de terminar la botella iríamos al bar más cercano  y beberíamos algunas cervezas y oleríamos el penetrante perfume de las putas del lugar. Las ganas de pelear podrían invadirme entonces y saldríamos por la parte trasera del lugar para regalarnos algunos golpes. Sería difícil decidir quien es el ganador pues ninguno de los dos es suficientemente bueno en las peleas. Volveríamos a entrar al bar y yo invitaría ya siguiente ronda. Caminaríamos de regreso a tu piso y yo te ayudaría a robar rosas, pues yo he nacido para ayudarte a robar rosas de las avenidas de la muerte. La vida sería tan bella entonces.

    Ya de regreso en tu departamento tú te dispondrías a escribir poemas. Tomarías asiento frente a tu máquina de escribir acompañado de una botella de vino y un  paquete de cigarrillos. Nos despediríamos y yo me marcharía hacia algún lugar que aún no defino, esperando que uno de tus poemas narrara lo que habíamos hecho aquel día. Tal vez tendría la fortuna de ser inmortalizado en tu literatura. ¿A cuánta gente has hecho eterna en tus textos que sobrevivirán fuertes y vigorosos a lo largo del tiempo?

    De pronto una voz detiene mis suaves pensamientos súbitamente:

    -         ¡Dame todo el dinero que traigas, pendejito! – no conservo ni un solo centavo encima pues mis últimos quince pesos los gasté en una cerveza.

    -         NN… noooo traigo naaa… da – contesto. Solo traigo un maletín con uno de tus libros Buk: "Love is a dog from hell" y espero que este hijo de puta no vaya a querer llevarlo consigo. Sería como blasfemar, no cualquiera merece leer algo tuyo; es mas, no se si yo lo merezca. Creo que no.

    Ahora el tipo me registra los bolsillos para comprobar que, efectivamente, no poseo ni un solo peso.

    -         ¡Hijo de puta! – exclama aquel hijo de puta y me coloca una deliciosa patada en las costillas huyendo después, para dejar su trabajo inconcluso. No me ha matado.

    Tu libro ha quedado cerca de mi herida y ahora se está empapando de mi sangre. Que ironía. ¿No crees? Esa sangre que al escapar de mi interior amenaza con extinguir mi vida, ahora esta tiñendo de rojo a lo que en verdad me hace sentir vivo: tus textos. Ahora quiero morir pero creo que será difícil. Yo quiero conocerte y tengo mucho miedo de seguir vivo. ¡No quiero vivir!

    Estoy solo en esta misma calle oscura tirado bocarriba. Ahora pueden verse mas estrellas desde aquí. El dolor físico desapareció y espero desangrar hasta la muerte. Insisto: ¡Quiero conocerte!... Todo está tranquilo y en silencio.

    El silencio y la calma se interrumpen de pronto. La oscuridad es menor ahora. Hay gente a mis  alrededores, fisgones diría yo, observándome. Oigo ruidos de una sirena de ambulancia que cada vez está mas cerca. Viviré. ¡Puta madre, viviré! Creo que tendremos que esperar para conocernos, Buk.

  • un foco verde y unas lineas

    Un foco verde y un número: 111, adornaban la fachada de aquel recinto. Bajé del taxi. El sol de la mañana golpeaba bruscamente mi rostro protegido por unas gruesas gafas oscuras. ¡Odiaba el sol cuando estaba drogado! Me encontraba muy nervioso, mi corazón palpitaba apresuradamente y extendiendo mi tembloroso brazo hice sonar el timbre. Una pequeña rendija se abrió y cerró después de que unos inquietos ojos negros de mujer me hubieron escudriñado de pies a cabeza tras de ella. Un sonido metálico que penetraba intensamente por mis oídos describía el movimiento de la puerta que se abría. La encargada me hizo pasar no sin antes exigirme el cover:

    -         Son diez pesos por entrar – me dijo mientras yo observaba la mano morena y regordeta que se extendía para agarrar la moneda que le depositaba.

    Mientras la puerta metálica se cerraba detrás mió me preguntaba si no me arrepentiría después de haber ido a aquel sitio a las 10 de la mañana. Ya no importaba pues era demasiado tarde.

    Había pasado las últimas horas de la noche anterior y las primeras de la madrugada de aquel día en un rave en las afueras de la ciudad. Durante toda la fiesta no paré de meterme coca. Así que cuando llegó la mañana yo quería seguir con aquello y probé mi suerte en una casa de citas en una colonia un poco alejada de donde estaba. Después de pagar ciento veinte pesos a un taxista y de entrar al antro me topé con la amarga sorpresa de que la única chica que tenían ya estaba cincuentona y por el momento estaba ocupada. Esperé hasta que saliera del cuarto y al verla me lleve una gran decepción: era alta y sus formas flácidas, su cabello teñido de rojo dejaba asomar algunas canas; me recordó una especie de maestra de primaria pero aún así decidí intentarlo. Entré al cuarto con ella y cuando quise meterme un pericazo note que se me había terminado la merca; sentí corto circuito por todo mi cuerpo (comenzaba a sentir la realidad lo cual era espeluznante) y, después de pagarle trescientos cincuenta pesos, salí huyendo de aquella pocilga. Fui a un lavautos que estaba abierto las 24 hrs. y que era el mejor lugar para conseguir un poco de coca a esa hora. Esta última operación me había costado 450 pesos si consideramos las tres bolsas de cois que compre y el taxi que también hubo de llevarme hasta el "foco verde".

    Ahora estaba parado en medio de una sala. Seis mujeres se encontraban sentadas en tres sillones color anaranjado. Caminé inspeccionando a cada una de ellas hasta que me decidí por una hermosa damisela que me miraba fijamente: piel blanca, cabello largo negro, ojos grandes y curvas perfectas. La llamé y me dijo: "no te vas a arrepentir". Cuando hube pagado los 600 pesos por la hora que estaría con ella, nos dirigimos a su cuarto. Una vez dentro me apresuré a abrir una bolsita, meterle un billete enrollado y aspirar: ¡AHHHHH!

    -         no puedes hacer eso aquí - dijo ella

    -         ¿en realidad te molesta? – le dije mientras me limpiaba el polvo que me había quedado en la nariz.

    -         Es que no esta permitido.

    -         Ya he venido varias veces y ninguna chava me había comentado algo de que estuviera prohibido. ¿No quieres un poco?

    -         No yo no le hago a esas cosas.

    -         Allá tú

    Terminé la bolsa y me dispuse a abrir la otra. Pero antes de que pudiera inhalar ella me interrumpió diciendo: "¿A ver? ¿Me regalas un poquito?". Yo le pasé la bolsa y ella la vació en un cenicero transparente para después calentar la coca, picarla, hacerse una línea y aspirar.

    -         ¡mmmm! Ya tenía mucho tiempo que no me metía una rayita. – comentó

    -         ¿No que no querías?

    -         Oye ven vamos a la cama – dijo cambiando de el tema de conversación radicalmente.

    Me arrojó sobre las sabanas color rosa y empezó a quitarme la ropa. Después me bajó los pantalones y, humedeciendo su lengua y labios, los pasó por mis genitales mientras yo intentaba darle un jalón más a la bolsita. Terminé la bolsa; ya solo quedaba una. La saqué y después de inhalarme la mitad de un tiro, se la pasé a mi acompañante para que la terminara. Ella se deleito con mi obsequio y decidió portarse bien conmigo según sus propias palabras; además le había gustado y quería que le diera mi teléfono para que nos divirtiéramos juntos en los ratos que tenía libres de su trabajo. Cuando se terminó la coca ella se había convertido en un pequeño monstruo que pedía desesperadamente que me la follara, argumentaba que aún nos quedaba media hora. Así que me tendí de espaldas y ella se montó encima de mí. Aunque pensé que sería difícil tener una erección por la cantidad de droga que había consumido, la maravillosa doncella había conseguido excitarme lo suficiente como para no preocuparme por ello. Sentía sus bellos rozar con los míos. Era exquisita: mordía y lo disfrutaba, era perversa y vigorosa. Su linda cara de niña contrastaba con las suaves frases que se evaporaban por su boca. Ella terminó, yo terminé. Le dije que tenía que irme pues empezaba a sentir la eriza. Anotó su número celular en un papelito y me lo dio; lo tomé me vestí y salí de la habitación. Un taxi me esperaba afuera. Lo abordé.

    Cuando subí al taxi el sol me cegaba y me hacía exhalar un sudor frío que me empapaba. Sentí escalofríos, desesperación; necesitaba mas coca pero el dinero se me había terminado, solo tenía para el taxi. Esta es la parte jodida de ser cocainómano: se te acaba el dinero y aún quieres más cois. Pensamientos horribles comenzaron a llegar como flashes a mi cabeza. La cruda moral comenzaba a atormentarme como un demonio: el dinero que había gastado ($3,500.00) me lo había dado mi papá para los gastos de mis estudios. ¡Puta madre! ¡La había cagado de nuevo! Otra decepción para mis padres. Busqué entre mis bolsillos un cigarrillo y encontré el papel con el teléfono de Sherlyn (la doncella que me había complacido aquel día). Lo aplasté entre mis dedos y lo arrojé por la ventana mientras le daba mi dirección al taxista. Nunca volvería a ver a aquella suripanta tan complaciente aunque me hubiera gustado volver a hacerlo. Tenía que regresar a mi casa. Llevaba dos días desaparecido, mis padres estarían preocupados. ¿Cómo iba a recuperar esos putos tres mil quinientos pesos?        

  • asesinato de un amigo

    POLVO

    Dedicado al Bexor

    por: Irving Merlín

     

     

     

    1

    Desperté para hallarme con una sorpresa: Proxy estaba al lado mío en la cama:

    -         ¿A que hora llegaste? – cuestioné mientras mis ojos intentaban captar el mundo exterior abriéndose poco a poco dejando que la luz penetrara permitiéndome observar la delgada silueta de mi acompañante.

    -         Apenas. Tu mamá me abrió.

    -         ¿Qué hora es?

    -          Las dos y media

    -         ¡No mames! ¿En serio es tan tarde?

    -         Si wey. ¿Que puta hora creías que era? Eres un maldito huevón levantándote a esta hora.

    -         Jajaja. Es que ayer me dormí muy tarde.

    -         De seguro no podías jetear por tanta coca ¿o no?

    -         La verdad, sí. Ayer me fui de party con Mach y ya sabes como somos cuando andamos juntos: pura pinche cois. (yo tenía 17 años en aquel momento, Proxy 19 y Mach 16 y los tres habíamos vivido nuestros últimos dos años deleitándonos con los placeres de la cocaína de vez en cuando)

    -         ¡Oye! Acompáñame a ver al Bixler. Tiene mi discman y unos discos.

    -         Espera a que me vista y vamos.

    Salimos de mi casa, caminamos dos cuadras y entramos a una pequeña tienda en donde nos detuvimos a comprar cigarrillos. Después continuaríamos a casa del Bixler pero algo nos detuvo: el maldito gordo tendero, que era un conocido mío, se acercó blandiendo un periódico de poca credibilidad diciendo:

    -         ¿Ya viste que se murió el Bixler?

    -         ¿Cómo crees? No digas pendejadas – le reclamé un poco ofendido pues mi mente no concebía semejante idea.

    -         En serio. Mira. ¡aquí esta! – masculló estirando su brazo para alcanzarme el diario. Lo observé: en la primera plana mostraba un letrero en letras rojas que decía: ADOLESCENTE ASESINADO POR DEUDA CON NARCO. El encabezado se acompañaba de una fotografía que mostraba un cadáver ensangrentado tirado entre arbustos y  hierba; no se podían apreciar detalles que revelaran que, en realidad, ese fuera el cuerpo del Bixler (o eso fue lo que quise creer en ese momento). Así que arrojándole el diario al cerdo aquel y sujetándole la mano a Proxy me abrí paso camino hacia la salida de aquel tendajón.

    Caminamos hasta la puerta y tocamos el timbre pero no recibimos respuesta.

    -         ¡No mames! No hay nadie. ¿y si era cierto lo que decía el pinche buldog (el gordo de la tienda)?

    -         No seas pendeja. ¿Cómo crees?

    -         ¿Ahora que hacemos?

    -         Regresar a mi casa.

    En el transcurso el celular de Proxy sonó. Le llamaba no se qué imbécil para informarle que habían matado al Bixler. Cuando llegamos abrí la puerta y mis padres me miraron con cara de angustia pues mi papá sostenía un ejemplar del diario de aquella fecha por lo cual estaban enterados del asesinato. Ellos siempre supieron que el difunto había sido un buen amigo mío. Preocupados por lo afligido que pudiera sentirme, me tomaron entre sus brazos, al mismo tiempo, sin decir una palabra. Yo me sentía un poco aturdido. Me ofrecieron leer la nota periodística y tome el papel entre mis manos. Tuve ganas de llorar pero algo extraño, no sabía que, me lo impedía.     

    2

    El Bixler se preguntaba acerca del lugar en que se encontraba. Todo estaba en penumbras. Sólo podía distinguir árboles con formas siniestras, un camino de tierra al que no le hallaba fin y la silueta de varios hombres (nunca pudo ver claramente, ni mucho menos contar, los rostros de los sujetos que se encargarían de terminar con su vida aquella noche) que lo llevaban a bordo de una camioneta atado de manos y pies; amordazado y con los ojos  torpemente vendados. Podía sentir que el transporte iba a una gran velocidad y podía escuchar muchas voces y risas que no reconocía. Se cuestionaba acerca de su destino: ¿A dónde lo llevaban?, ¿Quiénes eran los individuos que lo traían abordo de esa camioneta?, ¿Qué le harían? El temor comenzó a apoderarse de él. Sintió gotas frías de sudor resbalándole por la frente, empapando el pañuelo que intentaba cegarlo. Por su cabeza paso la idea de la muerte y sintió un miedo terrible.

    3

    Toda la tarde mi cabeza estuvo invadida por recuerdos del Bixler. Recordé las veces que fumamos mota utilizando carrizos como pipas en el patio trasero de su casa. Recordé la vez que, caminando por el centro de la ciudad, contemplamos la escena en que un padre jalaba violentamente la oreja de su hija y nos cagamos de la risa. Recordé la vez que me defendió cuando un cabrón mas grande que yo me quería romper la madre.

    Mi teléfono sonó. Era Mach:  

    - ¿Qué pedo? ¿Ya supiste lo del Bixler?

    - Sí.

    - El velorio comienza a las ocho en Velatorios Jiménez Salvatierra.

    - ¿Vas a ir?

    - ¿Tú que crees?

    - ¿Pasas por mi?

    - Te veo en la esquina de tu casa a las siete y media.

    - Hasta entonces.

    Pensé en la última vez que vi al Bixler: Yo estaba esperando a mi padre en el auto mientras él se encontraba arreglando unos asuntos dentro de una oficina al otro lado de la calle. Cuando alguien tocó a la ventana. Era el Bixler. Recuerdo que nos saludamos y charlamos durante un rato. Me comentó que asistía a un grupo de narcóticos anónimos  pues tenía intención de terminar con la heroína. Yo manifesté mi apoyo hacia él y le presté 10 pesos que requería para comprar tabaco, según me expuso. Después de despedirnos con un abrazo tomó caminó calle abajo y, mirando por el retrovisor, lo vi desaparecer en una esquina.

    4

    Cuando por fin la camioneta parecía detenerse, El Bixler imaginaba qué pasaría con sus padres y con su novia (Chisty) si él fallecía. En verdad los extrañaría. El no volverlos a ver jamás sería espantoso.

    Una puerta se abrió y entre varios jalaron al Bixler fuera del vehículo. Él permaneció parado, sin decir una palabra. Los hombres bajaron de la camioneta y se acomodaron en forma de círculo rodeándolo. El Bixler intentaba estar alerta, escuchando los crujidos en el pasto seco que producían las pisadas de quienes lo acechaban, tratando de adivinar lo que a continuación sucedería. Los murmullos de sus atacantes se mezclaban con el silbido de los grillos y el canto de la lechuza formando así una tenebrosa atmósfera.   

    ¡Un súbito golpe en la cara terminó por derrumbar al Bixler! La mordaza le fue retirada, talvez para que los golpeadores pudieran disfrutar de sus alaridos de dolor. Luego una lluvia de golpes se le vino encima. La cinta de los ojos se le había caído pero no pudo ver nada; ya que se encontraba como en posición fetal gritando desesperadamente: ¡YA POR FAVOR! ¡YAAAA! ¡SE LOS RUEGO! ¿QUE HICE? ¡DEJENME IR POR FAVOR! ¡YA NO ME PEGUEN POR FAVOR! ¡ALGUIEN AYUDEME POR FAVOR! ¡AUXILIO!

    Sus gritos, estremecedores y desgarradores, se perdieron en la inmensidad de aquel desértico lugar. Nadie más que los que lo golpeaban, podía haberlo escuchado entonces.

      

    5

    El periódico de ese día señalaba que el sujeto había muerto mucho tiempo después de que se le abandonó en aquel campo en el poblado de Santo Loreto Cacahutepec; que había fallecido a causa de las contusiones y hemorragia interna después de agonizar durante varias horas y que el cuerpo había sido descubierto por un campesino. Exponía, además, los motivos por los que la avanzada inteligencia policial suponía que habían matado al Bixler. Los cerdos proponían tres teorías:

    -         Una de ellas expresaba la posibilidad de que los asesinos fueran narcotraficantes culpando a un distribuidor de cocaína de la colonia La Joya apodado "el Peludo". (Yo conocía al Peludo, a quien comprábamos coca algunas veces y sabía que no fiaba; y también sabía que si hubiera querido cobrarse una deuda lo hubiera arreglado con un tiro en la cabeza del Bixler; así que descarté esta posibilidad como resolución del homicidio.)

    -          La segunda postulaba que había sido asesinado por un grupo de homosexuales a los que había vendido su cuerpo para conseguir heroína. (esta teoría me asombró pues, a pesar de que estaba enterado de que el Bixler se arponeaba,  nunca supe que tuviera algo que ver con putos. Así que tampoco creí y deseché esta posibilidad.)

    -         La última proponía que había sido por riñas de adolescentes. Que talvez solo querían golpearlo y se les podría haber pasado la mano causándole la muerte. Quizá podía ser producto de una borrachera o algún rencor guardado hacia el Bixler; todos los adolescentes podrían tener enemigos. (yo no pensaba que el Bixler tuviera enemigos, pero era consiente de que había personas a las que no les agradaba del todo. Pensé que esta era la teoría que podía estar más apegada a la realidad y me creía que la verdadera causa pudo haber sido un pleito dentro de la peda o algo así. De todos modos decidí esperar a que en el diario se publicaran más acontecimientos y descubrimientos policíacos acerca del caso para reforzar mi criterio.)   

    6

    Los ojos le ardían pues por ellos entraban los chorros de sangre que brotaban de su frente. Su cabello castaño estaba teñido de rojo. El dolor que el Bixler sentía en aquel momento era insoportable. Pedazos de tubos eran estampados en su espalda y a veces contra su cabeza. Tenía el cuerpo lleno de cortadas y laceraciones. No podía respirar a causa de las patadas que le propinaban en las costillas y por la sangre que se estancaba en su garganta formando una pequeña presa. De sus ojos salían lágrimas de ira que se mezclaban con el líquido escarlata y viajaban hasta sus labios para producirle un sabor a fierro. No paraba de gritar: ¡YAAAAAA! ¡POR FAVOOOOOR! ¡YAAAAAAA! ¡SE LOS RUEGO! ¡YAAAAAA HIJOS DE SU PUTA MADRE!

    Un certero golpe final en la nuca lo dejó desprovisto completamente de su sentido del oído. Y así tirado en aquel lugar, sin poder moverse con la sangre fugándose por todos lados, con dificultades para respirar y con moretones por todo el cuerpo y heridas muy graves, observó temeroso como los que lo habían golpeado se subían a la camioneta y se marchaban perdiéndose en la oscuridad de aquella noche.  

    7

    El Mach pasó puntual por mí. En el camino al velorio apenas si cruzamos palabra. Nos limitamos a fumar de un porro que encendí y a inhalar de una bolsita de plástico con un popotito que nos pasamos para poder darle un jalón por cada fosa nasal. Llegamos a los Velatorios Jiménez Salvatierra. Había rostros que yo conocía entre los concurrentes pero no me detuve a hablar con nadie pues me hallaba en medio de un trance: tan solo éramos la tumba y yo en aquel lugar. Caminé dentro de la sala donde se hallaba el ataúd y me acerqué lentamente al sarcófago mientras un sendero de velas rojas me guiaba. Todo corría como en cámara lenta. Sentía como si la voz del Bixler me estuviera jalando hasta su nicho de muerte.

    Cuando estuve parado enfrente del cajón miré dentro:

    Vestía un traje negro con corbata. Su rostro, ahora deforme, estaba lleno de moretones y chipotes que la maquillista no había logrado disfrazar. Su piel pálida hacía resaltar sus párpados hinchados y el azul de sus labios muertos. Era difícil imaginar la sonrisa del Bixler encajada en el cadáver que yacía frente a mis ojos.

     

    Mirando el rostro del Bixler por última vez, me di cuenta que había perdido un maravilloso amigo. Sentí ira al pensar en la fugacidad de la vida y salí corriendo de aquel lugar. Corrí lo más rápido que pude durante quince cuadras hasta que me detuve a contemplar la hermosa vista de la luna que ofrecía la ciudad aquella noche. Encendí un cigarrillo, me senté en una banqueta y lloré desesperadamente por la pérdida del Bixler.

    8

    Los primeros rayos de luz solar que traía la mañana sirvieron para despedir la vida del Bixler dorando los pastos que lo rodeaban logrando matices de tonos marrones, naranjas y verdes claros en aquel paisaje. Eran las cinco y media de la mañana cuando dejó de respirar. El campesino que encontró su cuerpo, no lo hizo sino hasta las ocho. 

      

    9

    El cuerpo del Bixler fue sepultado a la mañana siguiente. La policía decidió cerrar el caso de su asesinato dos semanas después del sepelio a pesar de que no se había hallado a ningún culpable (hay quienes dicen que los jueces fueron sobornados). La familia del Bixler ha continuado realizando investigaciones, utilizando sus propios medios, para averiguar la identidad de los culpables de su muerte. Hasta la fecha no se sabe quien lo mató.  

     

     

    FIN

Login

Forgot password?

Need an account? Sign up